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Juan Cruz y el triunfo sobre la forma.

Juan Cruz y el triunfo sobre la forma.


C
ada obra de arte es una revelación, en ellas se pueden descifrar estados espirituales, anímicos y psicológicos. Además que muchos sentimientos pueden quedar codificados y develados en la manera que el artista ejecuta su obra. Muchos artistas han realizado su obra, inmersos en una profunda lucha. La carga dramática se puede palpar con la mirada, y aun en sus obras más optimistas, hay un viso de dolor y amargura, fatiga existencial por la sofocación que su entorno le provoca. ¿Inconformes con la vida? ¿Con la humanidad? ¿Con la sociedad? Creo que en todo artista con verdadera vocación, emerge el incontrolable impulso por denunciar toda actitud contradictoria, que desgarre la naturaleza de su ser y de quienes le rodean. Así suelen manifestarse quienes nunca comprometen su discurso con la vanidad y el ocio neuronal, sino que su compromiso es con su conciencia y con su vocación.

Del artista Juan A Cruz

Juan Cruz (1941), es uno de esos artistas a los que les refiero, él es esa voz inagotable que suele quedar pegada en las mentes de quienes se exponen a su arte. Cuando ves una de sus obras, casi puedes percibir su alma, y al mismo tiempo, te pierdes en el universo de gestualidad plástica que conforma su singular estilo.

 El dice que no sabe como pinta sus cuadros, y que en cada obra el empieza a aprender a pintar; creo que él ha dejado que su subconsciente guarde el secreto de su técnica, de su arte, para salvarlo de la frivolidad y la incomprensión ajena. Desde las obras más tempranas, donde trató de adoptar la figuración como su manera de expresión, se puede percibir las primeras escaramuzas que luego se convertirían en grandes batallas. Puedo traer como primer ejemplo una pequeña obra realizada en el año 1977, “Retrato de Freddy”, en la intercalación de colores, Juan narra las contradicciones en su amigo, quien tuviera una existencia bastante sufrida. Y aun sin proponérselo Juan hurga en esa vida de dolor, revelando con colores el alma de este muchacho.  Bueno, es que los artistas tenemos la capacidad de interpretar el alma y temperamento de otros. Lo cierto es que la manera en que Juan pinta este retrato es muestra ya de su desapego por la representación externa. No es lo exterior lo que le motiva, sino que mira dentro del alma de su modelo para liberar la verdadera forma de su ser. En el entorno, pintado de rojo, hay una fuerza extra al drama de su sufrido amigo, y dentro de la figura la alternación entre verdes y azules caracterizan lo que intuitivamente describe, lo difícil que suele ser esta vida cuando no hay esperanza. La expresividad llega a su clímax en el hecho de que no le pinta boca; y es que en ocasiones el silencio puede resonar aun más fuerte que un coro de mil voces. ¿Fue silenciado Freddy? ¿En algún momento de su vida sus labios no sirvieron para clamar por piedad y justicia? Quién sabe, lo cierto es que Juan nos ha dejado una obra de profundo dramatismo y amplia expresión.

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La siguiente obra a ver es “La Santa” de 1985, en tan solo 8 años podemos ver una radical evolución en lo que a expresividad y desligamiento de la forma exterior en su figuración. 
Ya Juan ha roto todas las ataduras, y aunque todavía persevera en mantener algo de la forma exterior, la pintura muestra que no tiene temor ya de expresarse sacando todo lo que lleva dentro, sin preocupación alguna de cómo se ve exteriormente su personaje. La yuxtaposición de blanco y negro (en ambas manos) nos muestra que aun en los santos de este mundo, convive un grado de depravación y maldad. El rostro blanco y negro, nos dice de la contradicción existente en el interior de quien busca la santidad, pero que todavía sostiene grandes luchas con su propia carnalidad. Y aunque Juan no profese ninguna religión, el es portavoz de una realidad que subyace en el interior del ser humano, y es que: “En este mundo el hombre nunca llegara a ser totalmente bueno”.
Toda obra que ha intentado tocar las profundidades del lado espiritual del ser humano, ha chocado inevitablemente con esa realidad. 
Pero Juan Cruz no es un fatalistas, el ve esperanza y luz aun en los más recónditos y oscuros parajes. El negro es matizado con brillantes rojos y amarillos. El gris, sirve de medios tonos, haciendo un perfecto equilibrio que da a la obra profundidad y maestría de pensamiento y técnica.
En muchas ocasiones los artistas no estamos consientes de la trascendencia y significación de la obra, todo lo que queda en el lienzo, es plasmado de forma intuitiva. Esta capacidad se ha ido desvaneciendo con las tendencias a partir de los años 50 y 60 del pasado siglo; pero aun hoy sobreviven algunas voces que saben captar y vibrar en y con las conciencias de los seres humanos.




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La obra que cierra esta meditación es “Nada Cambia”, del 2012. Definitivamente, ya Juan no tiene mucha de la apariencia externa del arte figurativo que en sus inicios intento adoptar, pero que poco a poco fue logrando liberarse de la esclavitud de las apariencias externas. Ahora, también se ve como se ha complejizado la composición de sus cuadros. Este tumulto de seres enmascarados, narra una triste realidad de la sociedad y mundo que rodea al artista. ¡Cuán difícil se torna para el artista, encontrar personas que se interesen sinceramente por los demás, o por el mismo! Pero la desolación, no la ve Juan en su propio interior, como causa de este fenómeno social; más bien, son los enmascarados los que tristemente deambulan su frívola e hipócrita existencia, engañando y siendo engañados. La carga emocional desplegada en este cuadro en una desgarrarte y estremecedora verdad, verdad que nadie quiere oír, pero que un artista como Juan no teme decir. Y he ahí donde vemos la sinceridad de quienes se expresan a través de la belleza. El arte embustero no trasciende, se ve y se siente como una obra vacía y sin sentido. Mucho arte de hoy carece del verdadero significado, por que ha perdido toda conexión con las necesidades primarias del ser, en cuanto a la naturaleza del ser se refiere. El arte contemporáneo ha disociado la estética del ser y razón del arte, y aunque creo que el arte es mucho más que para combinarlo con cortinas y sofás, también pienso que debe ser coherente con la razón y las necesidades de nuestra naturaleza. En Juan Cruz La expresividad no mata la belleza ni el lirismo de su temática. Mantiene el perfecto equilibrio entre lo que dice y como lo dice. 

Ahora Juan es libre, ahora logra representar en sus obras el alma de sus modelos, no teme hacerlo porque no incurre en el error de querer agradar a los que ven su arte. Ni la retina, ni la banalidad son favorecidas con su arte, ni los burdos gustos por las insípidas decoraciones. A Juan Cruz no le preocupa nada de eso, solo expresarse libremente, librar su espíritu y la de sus criaturas. En ese aspecto, Juan triunfó sobre la forma.




Abisay Puentes
Artista
2013.









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